Decía Julien Green que ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón. Mi viaje comienza en Vitoria una fría tarde de mayo de 1989. Continúa hoy, en el momento justo en que lees esto. A lo largo de este viaje, el camino me ha enseñado a valorar aquello que hemos perdido. Aunque pensemos que volveremos a abrazarnos algún día, son sólo pensamientos que quedan para nosotros. Son los caminos de las personas los que nos enseñan quiénes son, de dónde llegan y por qué bosques han cruzado. Pues éste, es el mío.

Desde muy joven me ha gustado viajar, creo que es lo mejor en lo que se puede invertir el tiempo. Conocer nuevos lugares, ver amaneceres imposibles y atardeceres de ensueño en escapadas con personas a las que quieres. Supongo que por ello decidí aprender cómo las personas viajan de un lugar a otro cazando sentimientos que parecen pegados en las calles de alguna ciudad. En 2009, tras intentar buscar alguna de estas razones, me titulé en Información y Comercialización Turística.

Pero la ciudad que me vio dar mis primeros pasos, ahora me vería darlos hacia otro destino. Vitoria se quedaba pequeña, no como en otras ocasiones en las que se arreglaba con un viaje a algún pueblo que ayudara a pensar, esta vez tenía la sensación que sería al contrario, tendría que volver en esos viajes esporádicos.

Con la maleta cargada, puse camino hacia Madrid, una ciudad que descubría cada día mientras continuaba mi formación, primero, cómo se transportaban mercancías peligrosas por el aire, después, como se gestionaban tantos miles de reservas de viajes persiguiendo fotografías que hacer.Como tantos jóvenes de mi edad, tuve que trabajar para poder seguir estudiando y viviendo en Madrid. Repartidor de periódicos, cajero, taquillero o dependiente son algunos de los empleos que me ayudaban a seguir viviendo por las calles de la capital.

Todos tenían algo en común: el contacto con las personas. Esa puede ser una de las razones por las que me guste la política. Ese trasiego de gente, de problemas y de soluciones.No sabría decir la razón en concreto de cómo empezó todo, pero supongo que es debido a diversos factores que coinciden, como se suele decir, en el sitio adecuado un momento justo. Es un camino largo y difícil, pero superable. Vivir en una ciudad en la que muchas personas no podían expresar libremente sus ideas, hizo que me planteara demasiadas cosas.

En 2011 me hice simpatizante de Unión, Progreso y Democracia, y un año más tarde me afilié convencido de que podíamos hacer algo grande. Recuerdo con especial cariño cuando mis compañeros del consejo territorial me eligieron para ser el número dos de la lista electoral a la Diputación Foral de Álava.

Aunque desgraciadamente no sacamos representación, yo seguí con la misma ilusión del primer día. Devoraba artículos de gestión pública de otras ciudades para ver cómo podíamos transformar Vitoria. Queríamos hacer de Vitoria una ciudad abierta e innovadora, que todos nos sintiéramos como en nuestro propio hogar.

Y lo sigo queriendo hacer.En 2015, decidí dar un paso hacia adelante y liderar nuestro proyecto. Fui el cabeza de lista por Álava al Congreso de los Diputados, y aunque no salí elegido, aún tengo casi mil razones para seguir adelante cada día desde este pequeño espacio en internet.